El sector militar como programa de empleo: hay maneras más eficientes de estimular la economía

Publicado el 21 de Junio de 2011 por Ellen Brown

El sector militar es el más grande y firmemente arraigado programa presupuestal del país, llevándose la mitad de cada dólar de impuestos.

Cada arma que se fabrica, cada buque de guerra que se bota, cada cohete disparado, significa, en definitiva, un robo a quienes tienen hambre y no son alimentados, a aquellos que tienen frío y no están vestidos […] Pagamos por un avión de combate con medio millón de costales de trigo. Pagamos por un destructor con nuevas viviendas que podrían haber albergado a más de 8.000 personas.

-Dwight David Eisenhower, ‘La Oportunidad para la Paz’, discurso pronunciado ante la American Society of Newspaper Editors, 16 de abril de 1953.

En un editorial del Wall Street Journal del 8 de junio, lamentando el fracaso del paquete de estímulo económico de Obama, Martin Feldstein escribió:

La experiencia demuestra que la forma más rentable de estímulo fiscal temporal, es el gasto gubernamental directo. La manera más obvia para lograr esto en 2009, fue la reparación y reemplazo del equipo militar utilizado en Irak y Afganistán, que de otro modo tendría que hacerse en el futuro. Sin embargo, el estímulo de Obama no tenía nada para el Departamento de Defensa.

Estas cosas no se pueden inventar. La manera más obvia para estimular la economía, ¿es reemplazando equipos militares? y, ¿el estímulo de Obama no tenía nada para el Departamento de Defensa? Cuando los beneficios de los veteranos y otros gastos militares del pasado son tenidos en cuenta, el gasto militar ahora se devora la mitad del presupuesto de los Estados Unidos. Si el gasto militar es un estímulo rentable, ¿por qué los billones destinados a el en la última década dejaron tambaleando a la economía?

El sector militar es el más grande y firmemente arraigado programa presupuestal del país, llevándose la mitad de cada dólar de impuestos. Incluso si la ‘seguridad nacional’ es considerada la prioridad número uno (una elección dudosa, cuando la tasa real de desempleo es superior al 16%), se estima que el presupuesto militar podría reducirse a la mitad o más, y todavía tendríamos la máquina militar más poderosa del mundo. Nuestros enemigos (si los hay) son ahora ‘terroristas’, no países; y lo que se necesita para contenerlos (si acaso) son políticas locales, no una guerra alrededor del mundo. Gran parte de nuestro equipo militar sólo es bueno para causar ‘conmoción y pavor’, irrelevante para cualquier ‘peligro inminente’.

El gasto militar es la esencia misma de la ‘obsolescencia planificada’: fabrica productos diseñados para destruirse. El sector militar no está sujeto a los principios comunes del mercado, sino que trabaja sobre la base de un ‘costo-adicional’, con productores que reciben un reembolso por cualquier suma que hayan gastado más una ganancia garantizada. Atrás han quedado las restricciones de competencia normales que mantienen a las corporaciones capitalistas ‘claras y directas’. Contratistas privados contratados por el Gobierno en contratos sin licitación, pueden ser tan inútiles e ineficaces como les plazca y aún así obtener una ganancia considerable. Sin embargo, los legisladores en busca de recortar un desperdicio en las ‘asignaciones’ presupuestales, persisten en hacerse los de la vista gorda frente a este elefante en la habitación.

La razón por la cual el gasto militar masivo es considerado la manera más ‘obvia’ de producir un estímulo fiscal, es simplemente que es la única forma de gasto gubernamental directo que recibe la aprobación de los halcones del déficit. La economía está desesperada por obtener dinero que fluya a través de ella, y en la actualidad, sólo el Gobierno está en posición de abrir los grifos; pero hay un torniquete en el gasto gubernamental. Esto es cierto para todo menos el sector militar, el único programa en el que se le permite al Gobierno gastar aparentemente sin límites, a menudo incluso sin supervisión.

Chalmers Johnson calculó en 2004, que hasta un 40% del presupuesto del Pentágono es ‘negro’, es decir, oculto del escrutinio público. El presupuesto negro es tan secreto que el propio Congreso no está autorizado a revisar y regatear el precio. El control democrático del sector militar se ha deteriorado. Lo militar está siendo utilizado para fines que incluso al Congreso no se le permite saber, y mucho menos votar. Los Estados Unidos ya no son una república constitucional sino un estado de seguridad nacional. La política exterior se determina a puerta cerrada por poderosos intereses privados que emplean nuestra presencia militar en el extranjero para asegurar su acceso a mano de obra barata, mercados y recursos. Al menos se supone que es lo que está pasando. Un objetivo declarado de la política militar de los Estados Unidos, es el ‘dominio de gama completa’. Esto bien podría significar el dominio sobre el pueblo de los Estados Unidos junto con todos los demás.

¿Por qué es sacrosanta la mitad de la torta de los militares? Programas militares excesivos e innecesarios, obtienen la aprobación de los legisladores porque el complejo militar es también nuestro más grande y seguro programa de empleo, que ha penetrado en los recovecos de cada ciudad de los Estados Unidos. Si fuera disuelto, la economía se paralizaría por el aumento del desempleo, el cierre de fábricas y las bancarrotas. Bruce Gagnon, coordinador de la Global Network Against Weapons and Nuclear Power (Red Global contra las Armas y la Energía Nuclear), escribe:

La mayoría de los políticos entiende […] que la producción de armas es actualmente el principal producto de exportación industrial de los Estados Unidos. Ellos saben que la creación de empleo industrial importante, en gran parte proviene del Pentágono. Así, la mayoría de los políticos de ambos partidos, quieren seguir apoyando el negocio del complejo militar industrial para sus comunidades.

Eso explica por qué el país parece estar permanentemente en guerra. Si tuviéramos la paz, la máquina de guerra estaría sin trabajo. Cada año desde la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos han estado en guerra en algún lugar. Se ha dicho que si no tuvieramos una guerra para pelear, habría que crear una sólo para mantener en marcha el negocio. Tenemos un imperio militar de más de 800 bases alrededor del mundo. ¿Qué será de ellas cuando el león repose junto al cordero y la paz reine en todas partes?

Conversión Militar

Afortunadamente, hay una manera de resolver estos problemas sin necesidad de mantener un estado perpetuo de guerra: mantener el empleo, convirtiéndolo al uso civil. La reconversión militar, es un bien pensado programa que podría proporcionar un estímulo económico real y seguridad nacional para las personas dentro del país y en el extranjero. Las bases militares existentes, los laboratorios y las instalaciones de producción, pueden ser convertidas a usos civiles. Las bases pueden convertirse en parques industriales, escuelas, aeropuertos, hospitales, centros de recreación, y así sucesivamente. Las fábricas convertidas pueden producir bienes de consumo y de capital: maquinaria, locomotoras eléctricas, maquinaria agrícola, equipos producción petrólera y maquinaria de construcción para la modernización de la infraestructura.

Esto se ha hecho antes. Según Lloyd Dumas en The Socio-economic Conversion from War to Peace (1995):

Al final de la Segunda Guerra Mundial […] una gran parte de la producción de la nación se trasladó de la producción militar a la civil […] Alrededor del 30% de la producción de los Estados Unidos, fue trasladada en un año sin que la tasa de desempleo sobrepasara jamás el 3%. Esta experiencia dejó en claro que es posible redirigir una enorme cantidad de recursos productivos de la actividad militar a la civil sin generar perturbaciones económicas intolerables.

A comienzos del siglo XIX, cuando no teníamos grandes guerras para luchar, el sector militar de los Estados Unidos, se convirtió en un servicio civil que construyó infraestructura para la nación.

Un ejemplo moderno de éxito, es el del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos (USACE por sus siglas en inglés), la agencia pública de construcción, diseño e ingeniería más grande del mundo. Su misión es proveer servicios vitales de ingeniería pública para reforzar la seguridad de la nación, dinamizar la economía y reducir los riesgos de desastres. Generalmente asociado con represas, canales y protección contra inundaciones en los Estados Unidos, el USACE está involucrado en una amplia gama de obras públicas, tanto aquí como en el extranjero. El Cuerpo de Ingenieros provee el 24% de la capacidad hidroeléctrica de los Estados Unidos, y se dedica a la regulación ambiental y la restauración de ecosistemas, entre otros proyectos útiles.

El difunto Seymour Melman, profesor de la Universidad de Columbia, escribió extensamente por cincuenta años sobre la ‘reconversión económica’, la transición ordenada de la producción militar a la civil por parte de las industrias e instalaciones militares. Él demostró que un programa de reconversión cuidadosamente diseñado, podría crear más puestos de trabajo que los que la máquina de guerra sostiene ahora. El sector militar en realidad destruye puestos de trabajo en la economía civil. Las ganancias más altas de la fabricación militar de ‘costo adicional’, hace que que lo fabricantes abandonen esfuerzos civiles más competitivos; y la economía de guerra permanente le quita ingenieros, capital y recursos a la producción civil.

Bruce Gagnon escribe:

A lo largo de la nación, centros educativos y universidades se dirigen al Pentágono en busca de mayores fondos para la investigación, en tanto que el Congreso y los sucesivos gobiernos han hecho recortes en la investigación científica y el desarrollo. A medida que esta tendencia se agrava, nos encontramos con creciente evidencia de que la ingeniería, la informática, la astronomía, las matemáticas y otros departamentos, se están ‘militarizando’ con el fin de mantener los niveles de financiación.

Esta investigación y producción no es fácilmente transferible al uso civil, ya que ha sido diseñada para tareas que son radicalmente diferentes de las necesidades civiles. Y porque hemos puesto tantos recursos en la producción militar, nos hemos atrasado industrialmente.

Un estudio realizado en 2007 por Robert Pollin y Heidi Garrett-Peltier de la Universidad de Massachusetts, encontró que la inversión gubernamental en educación crea el doble de empleos comparada con la inversión en el sector militar. El gasto en consumo personal, salud, educación, transporte público, construcción para el hogar y reparación de la infraestructura, crea más puestos de trabajo por cada 1.000 millones de dólares en gastos que lo que hace el gasto militar.

Claramente, la mitad del presupuesto que ahora va a las actividades militares, podría ser mejor gastado. Si vamos a duplicar las exportaciones en los próximos cinco años, como el presidente Obama ha anunciado, tendremos que destinar parte de los recursos enviados al agujero negro de la guerra hacia la industria civil productiva.

Documento preparado para la conferencia The Military Industrial Complex at 50, en Charlottesville, Virginia, septiembre 16 a 18 de 2011.

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Lea más artículos aquí.

Ellen Brown es abogada, presidenta del Public Banking Institute y autora de doce libros, incluyendo al best seller Telaraña de Deuda. En su libro más reciente, The Public Bank Solution, explora los modelos históricamente exitosos de la banca pública a nivel mundial.

Ha escrito más de 200 artículos (disponibles aquí en inglés), varios de los cuales han sido traducidos al español, clic aquí.

Sus sitios web son telaranadedeuda.wordpress.com/www.webofdebt.com/, publicbanksolution.com/ y publicbankinginstitute.org/.

El best seller Telaraña de Deuda ha sido publicado por editorial Almuzara (España). Clic aquí

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Síganos en Twitter:@telaranadedeuda

Traducción por Andrés Celis.

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