Cheney tenía razón en algo: los déficits no importan

Publicado el 27 de abril de 2011 por Ellen Brown.

Los ‘terroristas del déficit’, están destripando a los gobiernos y obligando a la privatización de activos públicos, todo en nombre de la ‘reducción del déficit’. Pero los déficits no son algo malo realmente. En el modelo monetario de hoy, en el que la mayor parte del dinero proviene de la deuda, esta y los déficits son de hecho necesarios para tener una oferta monetaria estable. La deuda pública es el dinero de la gente.

El ex vicepresidente Dick Cheney pronunció la famosa frase: “los déficits no importan”.  Republicano acérrimo, argumentaba en contra de aumentar los impuestos a los ricos, pero los republicanos de hoy parecen haber olvidado esta máxima. Ellos están empeñados en recortar los programas sociales, la privatización de los activos públicos y la desarticulación de los sindicatos, todo en nombre de la ‘reducción del déficit’.

Peor aún, Standard & Poor’s ha declarado la guerra. Algunos blogeros lo llaman chantaje. Esta agencia privada de calificación con ánimo de lucro, con un dudoso historial, está dictando la política de gobierno, amenazando con degradar la calificación de crédito triple A que este tiene desde hace mucho tiempo, si el Congreso no puede hacerle frente a su déficit de forma suficientemente draconiana. La amenaza es real, como lo hemos visto con los devastadores efectos de la baja en la calificación en Grecia, Irlanda y otros países en problemas. Las calificaciones de crédito degradadas, elevan las tasas de interés y paralizan los presupuestos nacionales.

Sin embargo, la mayor amenaza a la calificación crediticia del dólar, puede ser el juego de la gallina, jugado con el límite máximo de la deuda federal. Casi el 70% de los estadounidenses dicen estar a favor de una congelación el 16 de mayo, cuando el límite se debe expandir, y los políticos con ideas del Tea Party, podrían estar de acuerdo con este modelo con el fin de complacer a sus votantes.

Si consiguen lo que desean, puede ser el fin de la fiesta para toda la economía. Los chinos están desconociendo los títulos del Tesoro de los Estados Unidos, y la Fed le está dando marcha atrás a su programa de ‘aligeramiento cuantitativo’, por medio del cual ha estado comprando títulos federales con dinero simplemente creado en sus libros. Cuando la Fed compra bonos del Tesoro, el Gobierno recibe el dinero casi sin interés, ya que la Fed descuenta sus ganancias del Gobierno luego de deducir sus costos. Cuando los chinos y la Reserva Federal dejen de adquirir bonos del Tesoro, las tasas de interés estarán susceptibles al alza, y con un techo de endeudamiento congelado, el Gobierno tendría que entrar en moratoria de pagos, ya que cualquier aumento de los intereses sobre una deuda de 14 billones de dólares, sería un gasto significativo. Hoy, el Tesoro está pagando un muy bajo 0.25% sobre títulos a 9 meses o menos, y los intereses sobre la totalidad de la deuda, son de aproximadamente el 3% (un total de 414.000 millones de dólares sobre una deuda de 14 billones). Grecia está pagando 4.5% sobre su deuda, y Venezuela está pagando el 18% —seis veces más del 3% que estamos pagando nosotros. Intereses al 18%, agregarían 2 dólares a nuestra cuenta de impuestos. Eso significaría pagar tres veces más lo que estamos pagando en el presente en impuestos sobre la renta (proyectada para un total de 956.000 millones de dólares para 2011), sólo para cubrir los intereses.

Existen otras alternativas. El Congreso podría recortar el presupuesto militar —pero probablemente no lo hará, ya que esta opción nunca es discutida siquiera. Podría aumentar los impuestos a los ricos, pero  probablemente esto tampoco sucederá. Una tercera opción, sería recortar los servicios gubernamentales. Pero, ¿qué servicios? ¿qué hay de la seguridad social? ¿está seguro que querer ver a la abuela mendigando? El Congreso no puede ponerse de acuerdo sobre un presupuesto por una buena razón: no hay buen lugar para recortar.

Afortunadamente, existe una solución más satisfactoria. Podemos recostarnos, relajarnos y reconocer que Cheney estaba en lo cierto. ¡Los déficits no son necesariamente algo malo! No importan, siempre y cuando se mantengan en tasas de interés muy bajas, y  pueden permanecer con estas tasas muy bajas, ya sea conservando nuestra calificación crediticia triple A o con préstamos de la Fed esencialmente librés de interés.

El Yin y el Yang del Dinero

Bajo nuestro sistema monetario actual, la deuda y el déficit no sólo no importan, sino que de hecho necesarios para mantener una oferta monetaria estable. La razón fue explicada por Marriner Eccles, gobernador de la Junta de la Reserva Federal, en las audiencias ante el Comité de Banca y Moneda de la Cámara de Representantes en 1941. Wright Patman le preguntó a Eccles cómo obtenía la Reserva Federal el dinero para adquirir bonos del Gobierno.

“Lo creamos”, respondió Eccles.
“¿A partir de qué?”
“A partir del derecho a emitir dinero-crédito”.
“Y no hay nada que respalde esto, a excepción del crédito de nuestro Gobierno, ¿cierto?”
“Eso es lo que nuestro sistema de dinero es”, dijo Eccles. “Si no hay deudas en nuestro sistema de dinero, este no existiría”.

Esto podría explicar por qué la deuda de los Estados Unidos no ha sido pagada desde 1835. Simplemente ha seguido creciendo, y la economía ha seguido creciendo y floreciendo junto con ella. Una deuda que nunca se paga, no es realmente una deuda. El planificador financiero Marcos Pash, le llama Cuenta de Monetización Nacional. Los bonos del Gobierno (o deuda) son ‘monetizados’ (o convertidos en dinero). Los bonos del Gobierno y billetes de dólar, son el yin y el yang de la oferta monetaria, las columnas negativas y positivas del balance nacional. Para tener un +1 a un lado de la hoja de balance, un -1 tiene que ser creado en el otro.\

Con excepción de las monedas, todo el dinero de la oferta monetaria de los Estados Unidos en la actualidad  entra en circulación en la forma de deuda con un banco (incluyendo a la Reserva Federal, el banco central). Pero los préstamos privados se compensan una vez se pagan. A fin de mantener la oferta monetaria más o menos constante, algún jugador importante tiene que incurrir en deudas que nunca serán pagadas, y este papel es desempeñado por el gobierno federal.

Esto explica la necesidad de la deuda federal, pero ¿qué hay con el ‘déficit’ (la suma por la cual la deuda tiene que aumentar para cubrir el presupuesto federal)? Bajo el sistema monetario actual, los déficits son también son necesarios para evitar las recesiones.

He aquí el porqué. Los bancos privados siempre prestan a interés, luego más dinero es debido que aquel que se creó en primera instancia. De hecho, inversionistas de todo tipo esperan más dinero del que entregaron. Esto significa que la deuda tiene que ser no sólo  preservada, sino ampliada para mantener el funcionamiento de la economía. Cuando la Fed ‘se lleva el tazón del ponche’, restringiendo el crédito, no hay dinero suficiente para pagar las deudas, la gente y las empresas entran en mora, y la economía cae en una recesión o depresión.

El mantenimiento de un déficit, es particularmente importante cuando el mercado de los préstamos privados colapsa, como lo hizo en 2008 y 2009. La deuda disminuye y también lo hace la oferta monetaria. Muy poco dinero está disponible para adquirir los productos en el mercado, por lo que las empresas se cierran  y los trabajadores son despedidos, reduciendo aún más la demanda, precipitando una recesión. Para revertir este ciclo deflacionario, el Gobierno tiene que intervenir con deuda pública adicional para llenar la brecha.

Deuda y Productividad

La deuda federal de los Estados Unidos, que está prendiendo las alarmas hoy en día, es de alrededor del 60% del PIB, pero ha estado mucho más alta que eso. Fue del 120% del PIB durante la Segunda Guerra Mundial, que resultó ser nuestro período más productivo de la historia. Los Estados Unidos construyeron la maquinaria e infraestructura que forjaron la nación que estuvo a la cabeza del mundo en productividad por el siguiente medio siglo. Nosotros, los hijos y nietos de esa época, no fuimos cargados con una deuda agobiante, sino que vivimos relativamente bien por el siguiente medio siglo. La proporción de la deuda como parte del PIB, bajo mucho después de la guerra, no porque la gente se sacrificara para pagar la deuda, sino porque el país se volvió tan productivo, que el PIB aumentó para compensarla. (Ver gráficos).

Esto podría explicar la anomalía de Japón, el líder global presente en cuanto a gasto deficitario. En la lista de datos de la CIA sobre la  proporción deuda/PIB, de 132 países en 2010, Japón encabezaba la lista con el 226%. Entonces, ¿cómo ha logrado conservar su estatus como tercera economía más grande del mundo? Su deuda no ha paralizado su economía debido a que:

(a) la deuda está por un interés muy bajo;
(b) se le debe a la gente y no al FMI u otros acreedores extranjeros, y
(c) el dinero creado por la deuda, se ha utilizado para producir bienes y servicios, permitiendo que la oferta y la demanda aumenten conjuntamente y que los precios se mantengan estables.

A la economía japonesa, se le ​​ha llamado ‘estancada’, pero de acuerdo a un reporte de Robert Locke, esto es porque los japoneses no tienen al crecimiento como objetivo. Ellos le apuntan a la sostenibilidad y a un alto nivel de vida. Han sustituido cantidad de bienes por calidad de vida. Locke escribió en 2004:

“Contrariamente a la creencia popular, Japón ha estado muy bien últimamente, a pesar de los intereses que buscan describirlo como un desastre económico. La ilusión de su fracaso, es empleada por los globalistas y los neoliberales, para desmotivar a los occidentales, en particular a los estadounidenses, de incluso  tener en cuenta las políticas económicas de Japón, y mucho menos aprender de ellas  [Que] ha sido promovida por el gobierno japonés como una manera de conseguir que los extranjeros dejen de presionar por cambios a sus políticas comerciales neomercantilistas”.

A la economía japonesa le estaba yendo muy bien hasta 1988, cuando el Banco de Pagos Internacionales, elevó los requisitos de capital bancario. A continuación, los bancos japoneses restringieron el crédito y sólo le prestaron a los más solventes. La deuda privada cayó y así también lo hizo la oferta monetaria, desplomando el mercado bursátil y la burbuja inmobiliaria. Luego, el gobierno japonés comenzó a gastar, y consiguió el dinero mediante endeudamiento, pero tomó prestado de sus propios bancos de propiedad estatal. El mayor tenedor de su deuda federal es el Japan Post Bank, un banco comercial de propiedad 100% estatal, siendo hoy el más grande banco de depósitos del mundo. El Banco de Japón, el banco central de propiedad estatal, también financia la deuda del Gobierno. Las tasas de interés se han reducido a casi cero, por lo que la deuda le cuesta casi nada al Gobierno, y esta puede ser refinanciada indefinidamente.

La economía de Japón sigue siendo viable, a pesar de que su proporción deuda/PIB es casi cuatro veces más que la de los Estados Unidos, porque el dinero no sale del país para pagarle a acreedores extranjeros. Por el contrario, se recicla en la economía japonesa. Como señala la economista Hazel Henderson: “la deuda de Japón es el doble de su PIB, sólo a causa de una anomalía en cómo se calcula el PIB: omite los servicios proveídos por el Gobierno. Si se incluyeran, el PIB de Japón sería mucho mayor y su proporción deuda/PIB, estaría más en línea con la de otros países”. Las inversiones en educación, salud y seguridad social, pueden no contar como ‘ventas’, pero mejoran tanto el nivel de vida de las personas como la productividad nacional. Las empresas que no tienen que pagar por los servicios de salud, pueden ser más rentables y competitivas a nivel internacional. Las familias que no tienen que ahorrar cientos de miles de dólares para ingresar a sus hijos en la universidad, pueden gastar en una vivienda mejor, más vacaciones, y otros artículos de consumo.

Convirtiendo la Deuda Nacional en un Servicio Público

Locke llama al modelo japonés: “una economía capitalista con mercados de capitales socializados”. La deuda nacional ha sido ‘monetizada’ —convertida en la oferta monetaria nacional. El crédito de la nación se ha convertido en un servicio público.

Thomas Hoenig, presidente de la Reserva Federal de Kansas City, sostiene que los más grandes bancos de los Estados Unidos, también deberían ingresar en esa categoría. En la conferencia de la Asociación Nacional de Procuradores Generales el 12 de abril, dijo que los rescates bancarios del 2008 y otras garantías implícitas, efectivamente hacen de los bancos garantizados por el Gobierno, ‘demasiado grandes para quebrar’, como las compañías de crédito hipotecario del tipo Fannie Mae y Freddie Mac. Hoenig dijo que se deben limitar a la banca comercial y excluidos de la banca de inversión.

“Ustedes son un servicio público, por el amor de Dios”, dijo.

La forma directa para que el Gobierno para financie su presupuesto, simplemente habría sido imprimir dinero libre de deuda. Wright Patman, presidente del Comité de Banca y Moneda de la Cámara de representantes en la década de 1960, escribió:

“Cuando nuestro Gobierno Federal, que tiene la facultad exclusiva de crear dinero, crea  el dinero y luego entra en el mercado abierto y lo toma prestado y paga intereses por el uso de su propio dinero, se me ocurre que esto es ir demasiado lejos… [E]s absolutamente equivocado para el Gobierno, contraer obligaciones sujetas a interés… Es absolutamente innecesario”.

Pero eso es el sistema que tenemos. Los déficits no importan en este modelo, pero el interés sí. Si queremos mantener la muy baja la cuenta del interés, tenemos que seguir a los japoneses y pedir prestado el dinero de nosotros mismos, a través de nuestros propios bancos de propiedad estatal, esencialmente libre de interés. La “buena fe y el crédito de los Estados Unidos”, tienen que ser reconocidos y administrados ​​como un servicio público.

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Lea más artículos aquí.

Ellen Brown es abogada, presidenta del Public Banking Institute y autora de doce libros, incluyendo al best seller Telaraña de Deuda. En su libro más reciente, The Public Bank Solution, explora los modelos históricamente exitosos de la banca pública a nivel mundial. Sus sitios web son https://telaranadedeuda.wordpress.com/http://WebofDebt.com, http://PublicBankSolution.com y http://PublicBankingInstitute.org.

El best seller Telaraña de Deuda ha sido publicado por editorial Almuzara (España). Clic aquí

Telaraña de Deuda como libro electrónico aquí

También disponible en Amazon, clic aquí

Síganos en Twitter:@telaranadedeuda

Traducción por Andrés Celis.

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Una respuesta

  1. […] se explicó en un artículo anterior, la deuda pública es el dinero de la gente. El Gobierno paga por bienes y servicios girando un cheque contra la cuenta bancaria nacional. Ya […]

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